Método
Cómo evaluamos
Una nota que no explica de qué está hecha vale lo mismo que ninguna. Esta página dice de qué está hecha la nuestra, incluida la parte que hoy nos deja mal parados.
La regla de entrada, y por qué hoy nos incomoda
Aquí una casa se gana su ficha cuando acepta un retiro nuestro y lo paga. Sin ese retiro medido no hay ficha, y esa regla se escribió antes de empezar a leer el mercado, sabiendo que iba a dejarnos con las manos vacías durante un tiempo. Es exactamente lo que pasa hoy: ninguna casa de este registro tiene un retiro cronometrado por nosotros.
Lo cómodo sería aflojar la regla hasta que encaje con lo que ya tenemos. Lo hacemos al revés: la regla se queda quieta y el hueco se anuncia en la portada. Mientras tanto la tabla sigue existiendo porque la ordena lo que sí se puede leer en una fuente pública, y cada columna dice de dónde salió lo que muestra.
Los cinco criterios y lo que pesa cada uno
El retiro pesa 34 %, más que ningún otro criterio, porque es la queja que más se repite en este mercado y porque es lo que le da nombre a esta web. El bono pesa 20 %, y no por su titular sino por lo que queda de él después de su propia condición de apuesta. El catálogo de juegos pesa 18 %, contado cuando la casa publica un contador propio y dejado en blanco cuando solo publica una cifra de marketing.
El soporte pesa 14 % y se puntúa por canales publicados y atención en castellano, no por promesas de tiempo de respuesta que nadie puede verificar desde fuera. La seguridad pesa otro 14 % y se apoya en el registro: una casa no puntúa por afirmar que está autorizada, puntúa por figurar en el registro con número y con estado vigente. Las dos cosas se puntúan solo con lo que está publicado y se puede volver a leer mañana.
Esos cinco pesos están escritos en el registro de la red y el orden de la tabla se calcula con esos mismos números. Si alguna vez dejaran de coincidir, la compilación se detiene antes de publicar nada, que es la única forma de que una ponderación publicada signifique algo. Una ponderación que el lector no puede contrastar con el orden que ve es pura decoración.
Qué hacemos cuando falta un dato
Nada. Un hueco se queda como hueco y se ve en la tabla como celda vacía. La tentación de poner el promedio del mercado en el lugar de un dato ausente es fuerte porque deja la tabla bonita, y es el error más grave que se puede cometer aquí: convierte a una casa que no publica nada en una casa que publica exactamente lo normal, y después ya nadie puede distinguirlas.
Por lo mismo, el modelo se niega a calificar un expediente que responde menos del 60 % de lo que pesa. Esas casas siguen listadas con su nombre, en su propia tabla, con el porcentaje del modelo que alcanzaron a responder. Nombrarlas sin nota dice mucho más que dejarlas fuera en silencio.
Hay una tercera regla que no se ve y que gobierna todo lo anterior. Cada expediente lleva una lista de cifras que la investigación rechazó, sea porque no se pudo confirmar la fuente, sea porque el número es cierto solo en una lectura estrecha que el operador nunca hace. Esas cifras no se imprimen, ni siquiera para advertir contra ellas, porque advertir contra un número es una forma de publicarlo.
Qué cambia cuando llegue el primer recibo
El día que cobremos un retiro, esa fila lleva el minuto y la fecha, y la casa pasa a tener ficha. El eje del retiro deja de calcularse con lo que el operador promete sobre sí mismo y pasa a calcularse con lo que nos hizo esperar, que es otra cosa y casi siempre otro número. La nota se va a mover y lo vas a poder ver.
Hasta entonces, cualquier lectura de la columna del retiro es la lectura de una promesa. Lo escribimos así de claro para que nadie confunda el compromiso publicado de una empresa con una medición hecha por un tercero. Son dos cosas que se parecen mucho escritas y no se parecen en nada vividas.